La autoestima es uno de esos temas de los que se sabe mucho y al mismo tiempo no se sabe nada. Por todos lados oímos acerca de este concepto: en pláticas, revistas, videos… pero en realidad ¿qué tan real es todo aquello que escuchamos al respecto? Entre el cúmulo de información que nos llega, es probable que no todo lo que sabemos sea cierto o que no aplique de la misma manera para todas las personas.

La importancia de esta cuestión cobra fuerza cuando nos planteamos que nosotros como padres somos una de las influencias más importantes (por no decir
la más) en la formación de la autoestima de nuestros hijos. Con esto sobre la mesa, comencemos a explorar el concepto.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima en su definición más básica puede entenderse como el juicio que las personas tienen con respecto a sí mismas (Rosenberg, 1979). Es decir, la
autoestima es una evaluación que nos hacemos nosotros mismos a todo lo que constituye nuestra persona.

Aterrizando esto en el día a día, podemos decir que la autoestima es una certeza creada por nosotros mismos que nos permite confiar en nuestras capacidades; o, todo lo contrario, una certeza que nos quita la posibilidad de sentir que somos capaces. Con esto, resulta casi obvio que la autoestima es un factor primordial en la construcción y mantenimiento del bienestar emocional. Una niña o niño que tiene un estado saludable de autoestima es más capaz de alcanzar su máximo potencial y de formar relaciones exitosas.

Ahora bien, aunque hemos dicho que la autoestima se forma en cada uno de nosotros, este proceso está muy lejos de ser un proceso en solitario, totalmente a la inversa, la formación de la autoestima resulta en gran parte por nuestro desarrollo social desde el inicio de nuestra vida, es en esta parte donde el papel
de nuestra paternidad se torna fundamental.

Desarrollo de la autoestima

Durante la primera infancia (es decir, del nacimiento hasta los 3 años de vida) un factor importante para construir una autoestima adecuada es encontrar significado y congruencia en lo que pasa a nuestro alrededor. ¿A qué nos referimos con esto? A que el pequeño viva en un hogar en el que se sienta seguro, en el que tenga la certeza de que será alimentado, aseado y procurado por los mismos cuidadores de una manera constante.

Lo anterior no sólo le da la oportunidad de un mejor desarrollo cognitivo (ya que al sentirse seguro puede dedicarse a la exploración de su mundo sabiéndose
respaldado); sino que también al sentirse merecedor de atención y cuidado, comienza a concebirse como una persona digna y valiosa.

Los niños que experimentan negligencia o descuidos en sus primeros años de vida y que no han satisfecho sus necesidades básicas como contacto físico,
afecto, respeto, reconocimiento, amor, confianza en sus propias habilidades, etc., crecen con una visión del mundo confusa y dolorosa. Los niños pequeños no tienen forma de comprender el porqué de sus circunstancias y usualmente forman conclusiones erróneas, sintiéndose no merecedores de cuidados y amor y adquieren una idea distorsionada de sí mismos.

Ahora bien, no podemos olvidar que una autoestima inadecuada no es sólo aquella que nos hace sentir no merecedores y faltos de valor; el caso inverso,
sentirse merecedor de todo y superior a los otros es igual de poco saludable.

En este caso, es común encontrar crianzas totalmente escasas de ligeras frustraciones y límites. Pequeños que crecen pensado que son el centro del
mundo y sin voltear a ver las circunstancias y el valor de los otros.

En este como en todos los otros casos de crianza el equilibrio es esencial: Ser padres capaces de dar amor y cuidado al mismo tiempo que mostramos las
dificultades innegables que presenta el mundo.

Una autoestima saludable

Ahora bien, ¿cómo se refleja una autoestima saludable?
Tener una autoestima saludable significa:

  •  Sentirse competente para vivir
  • Sentirse merecedor de vivir y experimentar felicidad
  • Sentirse apropiado o aceptable
  • Confiar en el funcionamiento de la mente
  • Ser capaz de hablar sobre logros y dificultades
  • Sentirse cómodo dando y recibiendo cumplidos o muestras de afecto
  • Ser abierto a las críticas y sentirse cómodo al reconocer errores
  • Congruencia entre lo que la persona dice y hace
  • Mostrar curiosidad ante nuevas ideas o experiencias

En los pequeños todos estos comportamientos comienzan a mostrarse principalmente en la escuela y en el seno familiar. Observemos a nuestros hijos y
no olvidemos que nuestro papel en su formación no acaba nunca y que podemos apoyarlos a crear una autoestima saludable en todo momento.